La solemne voz que me habla a través de la pantalla ahora
es simplemente la misma nada. Que distinto con esos meses de descomunal apego,
donde encendía mis motores con la única esperanza de verte. Toda esa energía
dispuesta a amar con tal demencia, con tantas ganas... Pero fue tan simple como
una droga: un efecto pasajero que al llegar al clímax solo bajó y bajo. Así y
todo, que momento ese ¿quién diría poder llegar a tanto? Tan solo por declarar
un romance (que quizá nunca lo fue). Un romance de niños que no saben lo que
quieren, que les falta ese cachetazo de realidad para entender mejor, ¿Para
entender mejor que? Mejor sería para aprender a valorar.
A pesar de ello
hoy sos mi mejor recuerdo, de los pocos donde me sentí vivo, una atracción,
sensación de placer extrema en donde la adrenalina que emané no se equipara con
el resto. Ahora me quedo solo con lo que fue; un remordimiento de algo que así
como vino tan de repente luego se fue corriendo.
Como me matan las
ganas de encontrarte de nuevo, de abrazarte, besarte y decirte todo lo que odié
que te escapes, (haya sido) por un malentendido o por tu mente tan confusa de
ideas. Como me matan las ganas de mirarte, de sentir otra vez que me pierdo en
esas dos joyas que brillan apuntándome, buscándome, deseándome tal cual una
cacería de pasiones inciertas, de perderme en esos dos relieves rosas
seductores que aspiraron mi alma y mis dolores, en ese manto de largos
capilares, sedosos y eternos como lo que suscita darme cuenta que estoy perdido
en ti de nuevo y tu cuerpo, como olvidarme sus líneas y curvas, sus
imperfecciones tan perfectas: dos bellos arcos que llevan al origen de todo,
que llevan a la lujuria. Ese tinte de morena pervertida, esa cara que consigue
todo por solo verla, un encanto de princesa y un fuego de mil colores en sus
adentros. Un sueño que recién
empieza, se desvía, -y algún día espero- quizás llega.
Así estoy, con las
ganas asesinas de encontrarte, de mirarte y pedirte empezar de cero.
¿Al final solo fuiste eso?, un capricho pasajero.