martes, 28 de octubre de 2014

Un pedido en la marea




La solemne voz que me habla a través de la pantalla ahora es simplemente la misma nada. Que distinto con esos meses de descomunal apego, donde encendía mis motores con la única esperanza de verte. Toda esa energía dispuesta a amar con tal demencia, con tantas ganas... Pero fue tan simple como una droga: un efecto pasajero que al llegar al clímax solo bajó y bajo. Así y todo, que momento ese ¿quién diría poder llegar a tanto? Tan solo por declarar un romance (que quizá nunca lo fue). Un romance de niños que no saben lo que quieren, que les falta ese cachetazo de realidad para entender mejor, ¿Para entender mejor que? Mejor sería para aprender a valorar.
 A pesar de ello hoy sos mi mejor recuerdo, de los pocos donde me sentí vivo, una atracción, sensación de placer extrema en donde la adrenalina que emané no se equipara con el resto. Ahora me quedo solo con lo que fue; un remordimiento de algo que así como vino tan de repente luego se fue corriendo.
 Como me matan las ganas de encontrarte de nuevo, de abrazarte, besarte y decirte todo lo que odié que te escapes, (haya sido) por un malentendido o por tu mente tan confusa de ideas. Como me matan las ganas de mirarte, de sentir otra vez que me pierdo en esas dos joyas que brillan apuntándome, buscándome, deseándome tal cual una cacería de pasiones inciertas, de perderme en esos dos relieves rosas seductores que aspiraron mi alma y mis dolores, en ese manto de largos capilares, sedosos y eternos como lo que suscita darme cuenta que estoy perdido en ti de nuevo y tu cuerpo, como olvidarme sus líneas y curvas, sus imperfecciones tan perfectas: dos bellos arcos que llevan al origen de todo, que llevan a la lujuria. Ese tinte de morena pervertida, esa cara que consigue todo por solo verla, un encanto de princesa y un fuego de mil colores en sus adentros. Un sueño que recién empieza, se desvía, -y algún día espero- quizás llega.
 Así estoy, con las ganas asesinas de encontrarte, de mirarte y pedirte empezar de cero.


¿Al final solo fuiste eso?, un capricho pasajero.

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