No existe mejor momento para escribir que cuando aparecen los deseos, o su alter-ego, los miedos internos. Hoy es un día estúpido, de cosas buenas a cosas perdidas, de cosas logradas a vueltas sobre los pasos, de caminatas largas a puntos innecesarios.
La seductora noche nos ofrece la luz en los carteles de los bares, en el fuego del elixir de la verdad, nos ofrece la mejor compañía, la noche ideal. Lo que queda en el día son los vestigios de un deseo reprimido, condensado en alternativas tentadoras pero que no alcanzan la ambición; así como el amor, el sentimiento más cercano a la felicidad. Utópica felicidad, utópica noche de desvarío; utópica es la ambición del hombre luego de que este cae rendido.
Catarsis, vuelvo a mi, concentro mis neuronas en las altas horas para superar eso, eso que nos carcome, que nos detiene, nos asfixia: duda, secuencia, miedos, los peligros de ponerse a jugar con la mente.
Pierde el juego una vez más, para entender las reglas infinitas formuladas por la razón y los sentidos.
Es el aletear del colibrí acaso el mejor reflejo de lo que es estar vivo.
Soñado abismo
hoy te encuentro
me confundo
pasillo extenso
Mis deseos
son hachas filosas
se atreven lejos
a torcer historias
Externo susto
de las inmediaciones
los despertares de uno
la conciencia del ser
Pienso
de nada sirve
tanto pensar
te lleva el viento
Cosas pasan solamente
en la calle
se dice todo
lo demás sobra
zozobra,
resquebrajo
desentendimiento
derrota
resbalo
reflexiono
y siento
los dolores de otra
noche de abstemia
no hay besos,
no hay sol,
ni quien saque esta miseria
Vuelvo a mi,
vuelvo a la prisión
los miedos detienen
el avance de mi misión
Ahora llego
ambiente cálido
me ofrece una sabana
para poder olvidar
Dejar el confort
por la aventura
es el ideal
que cura la locura
Y no volver a caer,
en el círculo interno
de los miedos

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